El Jamón Serrano

El Jamón Serrano es  un buen antioxidante, y tiene un alto contenido en vitamina E. Tomarlo junto al tomate puede doblar sus efectos beneficiosos.

La calidad de la grasa del jamón ibérico de bellota es excelente, predominando en su composición el ácido oleico (con niveles superiores al 50%), característico del aceite de oliva. Esto facilita la producción de HDL («colesterol bueno») en el organismo, reduciendo al mismo tiempo el LDL («colesterol malo»). Por tanto, su consumo moderado ayuda a mantener un adecuado nivel de colesterol y previene las enfermedades cardiovasculares.

Además, posee una gran cantidad de minerales como hierro, zinc, calcio, fósforo, magnesio y además, es una gran fuente de vitaminas del complejo B (vitamina B1, vitamina B2, vitamina B3, vitamina B6) y vitamina D.

Tiene propiedades similares al aceite de oliva, por lo que la mitad de las grasa que contiene son insaturadas (grasas buenas). Las grasas juegan un papel esencial en nuestro organismo, ya que nos aportan energía, constituyen estructuras celulares, pueden contener vitaminas liposolubles, además dan sabor y olor a los alimentos.

Gracias a su alto contenido en hierro, el jamón puede ser el aliado perfecto para prevenir la osteoporosis. Sobre todo durante la etapa de la menopausia (protege la pérdida de masa ósea) y en la vejez.  El consumo de este rico alimento en etapas tempranas de la vida (infancia, adolescencia o juventud) nos puede ayudar a reducir la incidencia de padecer osteoporosis en etapas posteriores.

El consumo diario recomendado de hierro para un varón adulto es de 10 mg, para mujeres adultas 15 mg, en embarazadas 25 mg, y en los niños 10 mg.

La arterioseclerosis o aterosclerosis es es un síndrome caracterizado por el depósito e infiltración de sustancias lipídicas en las paredes de las arterias de mediano y grueso calibre. La arterosclerosis es la primera causa de muerte en occidente.

El tener el colesterol alto puede ser muy perjudicial ya que cuando se combina con el calcio se almacena en las paredes arteriales, destruyendo su elasticidad y dando lugar a la aparición de la arteriosclerosis. Por lo tanto, podemos afirmar que el colesterol puede influir en la aparición de la arteriosclerosis, lo que dificulta el flujo de la sangre y provoca trastornos circulatorios cardíacos.

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